Una reflexión sobre la respuesta del aborto desde el libro de Ester.
Cuando Mardoqueo se enteró de que había una ley para eliminar a los judíos, la Escritura dice que él:
...se rasgó su ropa, se vistió de tela áspera, se arrojó ceniza
y salió por la ciudad llorando a gritos con un amargo lamento.
(Ester 4:1 NTV)
Cuando hay leyes para matar a los bebés en el vientre de sus madres, es hora de llorar amargamente, como Mardoqueo. Ester 3:14 explica además que después que la orden fue enviada a todo el reino:
...el rey Asuero y Amán se sentaron a beber,
pero la ciudad de Susa entró en confusión. (Ester 3:14 NTV)
La RV60 dice que "la ciudad de Susa estaba conmovida", pero lo importante aquí, es darnos cuenta que "probablemente incluso la misma población pagana quedó perpleja ante el extremo y mortífero racismo del rey de Amán."[1]
Hubo clamor y gran amargura en Mardoqueo por la injusticia que se avecinaba contra su pueblo, y confusión incluso entre los no judíos.
Hoy debemos preguntarnos: ¿Estamos así de afectados por la tragedia del aborto o nos es indiferente? ¿Acaso los bebés que mueren a causa del aborto y sus mamás no son también nuestro pueblo? Sabemos que están matando niños, todos los sabemos[2] ¿No deberíamos estar llorando como Mardoqueo? Sí, deberíamos. ¿Será tal vez que nos hemos endurecido, insensibilizado, acomodado a un mundo que llama bueno a lo malo? como explica Proverbios 14:12.
Cuando guardamos silencio frente a la tragedia del aborto, es hora de llorar junto a Mardoqueo. No solo por las muertes de los bebés, sino por nuestros corazones endurecidos.
Sin embargo, Mardoqueo no se quedó en el lamento. Tomó acción. Explicó a la reina Ester la gravedad de la orden que Amán había promovido con la aprobación del rey, para exterminar a su pueblo. Pero no se detuvo allí. Ante la primera respuesta temerosa de Ester, la confrontó con propósito y claridad:
Si te quedas callada en un momento como este, el alivio y la liberación para los judíos surgirán de algún otro lado, pero tú y tus parientes morirán. ¿Quién sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este?».(Ester 4:14 NTV)
Hay profundas lecciones que podemos aprender del carácter de Mardoqueo. Por un lado, como él, nosotras también estamos llamados a llorar y lamentar la injusticia del aborto. Y a la vez, estamos llamados a actuar con convicción para defender a las dos víctimas: el bebé y su mamá.
Mardoqueo ministró el corazón de Ester para que vea su posición desde la perspectiva de Dios. Y entonces, Ester respondió con valor y confianza en la soberanía divina:
Entonces, aunque es contra la ley, entraré a ver al rey.
Si tengo que morir, moriré. (Ester 4:15 NTV)
Como Ester, también podríamos experimentar temor en el primer momento. Su temor era real, ella podía morir si entraba ante la presencia del rey sin que él la haya convocado. Podemos enfrentar burlas, ataques, rechazo e incluso la muerte por creer, vivir y hablar como a Dios le agrada.Pero, si como Ester, oramos y ayunamos buscando el rostro del Señor, seremos fortalecidos y guiados por Él para tomar acción y responder al llamado que nos hace hoy.
Rescata a los que están injustamente condenados a morir; sálvalos mientras van tambaleando hacia su muerte. El que cuida tu alma sabe bien que tú sabías. Él pagará a cada uno según merecen sus acciones. No te excuses diciendo: «Ay, no lo sabíamos». Pues Dios conoce cada. corazón y él te ve. (Proverbios 24:11-12 NTV)
Entonces, ¿qué haremos? ¿Guardaremos silencio?
Podriamos tomar un tiempo en nuestra familia, comunidad e iglesias para orar por el fin del aborto, por las oportunidades para llevar la Esperanza viva que ofrece Cristo a las gestantes enfrentando un embarazo en crisis.
El libro de Ester nos hacer ver una doble convicción: por un lado, confiamos en la soberanía de Dios, fiel y verdadero; y por otro, respondemos con acción al llamado bajo su dirección.
Hagamos nuestra parte, y confiamos los resultados plenamente en Él.
Marlen Talledo, directora Vida & Esperanza
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